domingo, 24 de enero de 2010

Teatro de Sombras

Hubo una vez un emperador chino llamado Wudi que perdió a su principal concubina, Li. La pena en la que se adentró el emperador supuso también el abandono de sus deberes de gobierno. Un ministro, Li Shaowen, paseaba distraído cuando vio a un niño jugando con un muñeco. La intensidad y la espiritualidad que transmitía la sombra le llevó de vuelta a palacio con una buena idea para aliviar al emperador.

Los sirvientes confeccionaron con madera y trapos un muñeco con la forma de la concubina. Al llegar la noche proyectaron su sombra tras una cortina haciendo parecer que la mujer había vuelto a proteger al emperador. Así es como nació, durante la Dinastía Han Occidental, el Teatro de Sombras.


Cualquier niño ha jugado a crear un perro o un conejo con la lamparita de su habitación. Desde las primeras marionetas de emperador a las compañías de danza actuales, esta forma de teatro ha conquistado al público desde oriente a occidente. Pero nunca ha sido un mero juego de niños: como instrumento político el Teatro de Sombras ha sido fomentado y prohibido en diferentes etapas de la historia china; y como parte de la danza, existen grupos, como Pilobolus, especializados en esta disciplina.

Pilobolus es una compañía de danza estadounidense que utiliza el cuerpo para componer impresionantes figuras que proyectan sobre pantallas de luz. Marcas automovilísticas y bancarias han utilizado sus coreografías para anuncios televisivos, e incluso participaron en los Oscar 2007. Aunque Pilobolus no son los únicos, he elegido su ejemplo porque ellos son los protagonistas del siguiente reportaje. El programa Carte Blache entrevistó a varios miembros de la compañía; quienes explican su método de trabajo y la sensación tan única que las sombras producen en el espectador.





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2 comentarios:

Mowgli dijo...

Tanto tiempo usando las "sombras chinescas" y ahora leo su origen. Aunque esa compañía lo lleva a otro nivel. Muy bonito.

León dijo...

Me encantó lo que hicieron para los oscars. Lástima no ver más cosas como esta, debe merecer la pena ver una actuación en teatro.